Manspreading, otra agresión de género

Manspreading

¿Qué es el “manspreading”?

Podríamos decir que sería algo así como “hombre despatarrado”. Tendríamos también la opción de decir “spreading”, pero eso nos quitaría el género y la oportunidad de cosificarlo.

El feminismo llorón (Camille Paglia) vuelve a encontrar otra cuestión de género para invocar la lucha contra el género masculino. Sabemos que hace tiempo que esto se trata de conseguir fondos económicos y no de la búsqueda de la igualdad. Es más, la igualdad no interesa para nada, pues se acabaría el chollo de seguir esta tan rentable cruzada. Así que ahora lo que toca es la lucha para que se cierren las piernas, o para que no se abran más allá del límite que a alguien le parezca conveniente.

Y no importa que los asientos estén o no hechos para las dimensiones de la persona que lo ocupa. Lo que importa es que el pene y los escrotos les ofenden, más allá de que estén guardados. Les ofende su abultada forma. Les ofende que sean insinuados. Saber que están allí. Así que nos invitan (y quieren obligar) a que los escondamos tras el cruce de las piernas.

Y sí es una cuestión de género. Pues se podría llamar “Lucha contra el despatarre”, pero parece que la propuesta de añadirle el género masculino ha calado más entre los promotores de esta idea. Porque el despatarre es la derecha. Porque el despatarre es el Toro de la Vega. El despatarre es la lucha contra el hombre. Contra el machirulo. Contra el machismo. Contra el hombre.

Y no importa que se incluyan a todos los hombres en este saco. Sólo importa que el Heteropatriarcado sufra el azote de la furia de la lucha.

Cuestión de número

En alguna charla me comentan que llamarlo “Manspreading” tiene que ver con que es una práctica más numerosa entre hombres que entre mujeres. Así que eso da derecho a generalizar sobre todo el género. Porque para visibilizar a la mujer y sus problemas, hay que eliminar al hombre.

Sepan que el que escribe tiene pene. Que al pene le acompañan dos testículos que se acomodan diariamente en la ropa interior. Que no voy a adoptar posturas incómodas para satisfacer a nadie. Y que el día que el Estado me obligue, este no será mi país. Por suerte esto no queda más que en otro gilipollez de los tontunos de siempre.

Sepan, lloronas y llorones, que en la diversidad de ciudadanos de este gran país, los hay que NO PUEDEN acceder a sus tontadas aunque quieran. Porque tienen exceso de peso o por cualquier problema de movilidad. Y si son hombres, les afecta que les cosifiquen.

Quizás el problema es de nuestros padres, que nos visten como putos.

Barra libre para todxs

Si tonto es el que dice tonterias, España tiene un montón de tontos y tontas.

La igualdad se consigue hablando de personas y no de hombres o mujeres. Esto es fácil de comprender, si se quiere. La lucha encarnizada de estos tristes personajes del Feminismo Llorón, a la que algunos partidos dan cobertura, nos va a llevar a más desigualdad. Ciertas partes de Podemos y del Psoe deberán mirarse muy bien que es lo que hacen por un puñado de votos, pues este tipo de lucha les van a hacer perder un género completo.

La gilipollez, hija de la mediocridad, avanza sin remedio por los grupos políticos. Se extiende sin medida y sin que parezca que pueda detenerse por nada. Pero no van a conseguir que los hombres se sientan culpables por lo que hicieron otros. Ni vamos a permitir que nos hagan de menos por haber nacido con un género u otro.

¿Queremos igualdad? Tratémonos todos como personas. Obviad mi género, mi orientación sexual, mi color de piel.

¿O no la queremos?

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Un comentario en “Manspreading, otra agresión de género

  1. Parece que el slogan “ni una menos”, que nació como consecuencia de los asesinatos de mujeres a manos de sus parejas, legitimiza a cualquiera que lo abandere a dar rienda suelta al sinsentido y a la venganza personal, y ejerce de amenaza, de mensaje disuasorio y surte efecto como chantaje social (“¿cómo osas contrariarnos, cuando los hombres nos están matando?”) a todo aquel que se atreva a dar una opinión que no se ciña o se suscriba a la de estas mujeres que dictan la era moderna de la “igualdad” de género, en la que sorprende y asusta la ligereza con la que se usan términos como “violación” o “agresión” para describir situaciones que sería suficiente calificar como “molestas”. Y así, en la misma linea, el término “machista” se identifica prácticamente ya con el de asesino potencial de mujeres o feminicida. Lo peor es que ciertos poderes políticos les dan voz y mando para llevar a cabo su misión de establecer la supremacía de su género y la criminalización del hombre. Poco le importa a las feminazis que se busquen soluciones para erradicar el machismo. Ellas lo que quieren es someter al macho y ya está.

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